Un ronroneo

A continuación: un texto que, orgullosamente, fue finalista de un certamen de microrrelatos.

Parecía, por momentos, que se le iba a dividir la cola en dos. Como en aquella leyenda, pensé. Sobre el sillón, a mi lado, enroscado en un suspiro, el gato.

Esa cola era muy larga, como la culpa del desempleo. El café llenaba mi estómago frío, como la mirada de Neko.

Suspiré y sus ojos se abrieron, la cola electrificada y un bostezo. Me mira, un maullido tembloroso me llena de energía. Hay que continuar, y los dedos serpentean sobre el teclado, otra vez y hasta el próximo suspiro.

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